14/09/12

La Iglesia investiga a un cura por abusar de menores

 

Se trata de Justo José Ilarraz a quien se le prohibió el ejercicio del sacerdocio. Los hechos ocurrieron entre 1984 y 1992 en el Seminario de Paraná.


 

 

La Iglesia de Paraná admitió públicamente ayer la existencia de una investigación tendiente a sancionar a un sacerdote que durante casi una década, entre 1984 y 1992, abusó de menores que cursaban la escuela secundaria en el Seminario Arquidiocesano de Paraná en condición de pupilos.

Se trata de Justo José Ilarraz, que desde mediados de la década de 1990 se encuentra en la localidad de Monteros, Tucumán, luego de haberse desempeñado en distintos cargos en la diócesis de Paraná. "Las últimas noticias periodísticas reavivan nuestra profunda vergüenza e inmenso dolor por faltas gravísimas cometidas por uno de quienes deben servir a la vida moral del pueblo, con su ejemplo y enseñanza", señaló un pronunciamiento del Arzobispado, difundido a primera hora de la tarde de ayer.

La reacción eclesiástica se produjo luego de que la revista Análisis publicara en tapa la historia de Ilarraz, a quien se le endilga haber cometido no menos de 50 abusos de menores de entre 12 y 14 años, desde mediados de 1980 y hasta principios de 1990.

"Ilarraz siempre utilizaba el mismo mecanismo para su esquema perverso. Iba observando las personalidades de cada uno de los chicos; sus angustias y ansiedades -por eso del desarraigo de la casa, de su madre y de sus cosas, que es un episodio fuerte y algo traumático para todo niño-, para ir acercándose y darles su amor", dice el texto de la nota.

Pero ese "amor" se tornaba rápidamente en perversión. "Cada noche, cuando se apagaban las luces del pabellón, quedaban dos foquitos amarillos tenues encendidos en el fondo, a modo de luz de emergencia. El cura esperaba unos minutos y comenzaba a caminar por entre las camas de los chicos. Cuando escuchaba algún lloriqueo silencioso se aproximaba, se sentaba a su lado, les acariciaba la cabeza y la mayoría de las veces terminaba ingresando a sus camas para consolarlos", añade.

DOLOR Y VERGÜENZA

Ilarraz, nacido en Paraná el 9 de julio de 1958 y ordenado sacerdote en 1983, ocupó cargos clave en la Iglesia. Fue subprefecto del Seminario Menor y promotor vocacional; además, ejerció como asesor del Club Atlético Patronato, estuvo a cargo de la Comisión Episcopal de las Misiones, y ejerció el sacerdocio en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, fue capellán del Colegio La Salle, y vice asesor de dos movimientos católicos, Cursillos de Cristiandad y la Acción Católica Argentina (ACA).

También fue responsable de la Librería San Francisco Javier, que funciona en el mismo edificio de la Curia, y que llegó a tener una sucursal sobre la Peatonal San Martín, y fue prefecto de Disciplina en el Seminario Menor. Fue desde este último lugar desde donde cometió las tropelías más aberrantes contra menores que, por ser del interior, quedaban en condición de pupilos en el Seminario.

Ilarraz tenía un trato "preferencial" con aquel grupo de niños que caían bajo sus redes, y establecía divisiones, con réprobos, a un lado, y elegidos, al otro, cerca suyo, siempre. "Esos pibes, por lo general, eran los elegidos, en varios días de la semana, para que a partir de las 23, a la hora de la Lectura espiritual, se trasladaran hasta su habitación -según la revista-. Algunos, incluso, recién aparecían al día siguiente por el pabellón, porque se quedaban a dormir con él. Esos casi niños tenían además la posibilidad de bañarse en el coqueto baño del cura. El resto, para ducharse con agua caliente, debía cortar leña para el fuego de la caldera. Y muchos hasta preferían bañarse con agua fría antes de hacer ese trabajo".

Divulgada la historia, ayer la Iglesia trabajó durante varias horas en la redacción de un comunicado en el que intervino de forma directa el arzobispo Puiggari. "Las últimas noticias periodísticas reavivan nuestra profunda vergüenza e inmenso dolor por faltas gravísimas cometidas por uno de quienes deben servir a la vida moral del pueblo, con su ejemplo y enseñanza. Esto nos interpela para que nuestro compromiso con la verdad y el bien sea cada vez más auténtico y eficaz", señaló la Curia, en su declaración.



 

 

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